Las entrevistas con los ingenieros nos han dejado claro que las ingenierías están más que conectadas con la física y la ciencia, pero ¿y a la inversa?
Con la intención de resolver esta duda, hemos hablado con Álvaro Fernández Fernández, científico español que trabaja actualmente en la University of Texas Southwestern Medical Center dónde trabaja estudiando la autofagia celular. Si os suena su nombre es porque en mayo del año pasado salió en los medios de comunicación debido a las investigaciones realizadas por su grupo de trabajo, dónde consiguieron ampliar en un 10% la vida de ratones. Sus resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Nature. Sin duda un lujazo para nosotros. Vamos con la entrevista.
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Lo primero de todo, agradecerte enormemente que hayas aceptado participar. Es de verdad un honor poder hablar contigo. Si te parece arrancamos...
1) La primera pregunta, es obligada. ¿Podrías hacernos un pequeño resumen de en que se basa tu profesión?
Soy investigador post-doctoral; es decir, tras terminar la licenciatura, cursar un máster y defender mi tesis doctoral decidí continuar con mi carrera investigadora. Actualmente trabajo en la University of Texas Southwestern Medical Center, en Dallas, donde investigo la autofagia, un proceso degradativo que usan las células para reciclar componentes o defenderse de patógenos invasores. En concreto soy responsable de 2 proyectos, lo que incluye su diseño original, la elaboración de experimentos y la publicación final de los resultados.
2) Sin duda, parece un trabajo fascinante pero, ¿cómo has llegado hasta aquí?¿Cómo fueron tu educación y por qué decidiste dedicarte a esto?
Desde pequeño tenía claro que quería estudiar algo relacionado con los animales. De hecho, mi sueño inicial era estudiar paleontología (sí, ¡era un niño obsesionado con los dinosaurios!). Fuera como fuera, hice caso omiso a mi familia, que quería que estudiara Medicina (¡lo siento abuela!) y estudié la licenciatura de Biología en la Universidad de Oviedo. Cuando empecé mi intención era especializarme en Biología Marina para poder investigar sobre la vida en los océanos o, por qué no, trabajar en un acuario. Sin embargo, asistir a la primera clase de Biología Molecular (a cargo del Profesor Carlos López-Otín) me hizo cambiar rápidamente de opinión. Se abrió ante mí un mundo nuevo y fascinante, y desde entonces quise dedicarme a la investigación en este campo (teniendo la suerte de entrar a formar parte de su laboratorio ese mismo verano, a la par que comenzaba el tercer año de licenciatura). Quizás la lección aquí es que es importante intentar hacer lo que uno quiere de verdad, pero manteniendo siempre una mentalidad abierta, siendo flexible.
Tenía predilección por las asignaturas “de organismos” (Zoología, Botánica,...), ya que eran las clases por las que decidí hacer esa licenciatura, así como las de Biología Molecular, (como por ejemplo todas las distintas asignaturas de Genética). Por el contrario, clases como Física, Estadística o Matemáticas fueron las más tediosas para mí (¡perdón!).
3) ¿En que momento decides irte a un sitio tan lejos como es Dallas?
Como todo en la vida, sabes dónde empiezas pero no dónde acabas. ¡Jamás pensé que llegaría a vivir y trabajar en Texas! Pero, en realidad, fue un camino muy directo y lógico, dados los acontecimientos.
Durante la tesis tuve la intención de hacer una estancia breve en un centro de investigación en el extranjero, tanto por lo enriquecedor de la experiencia como por la posibilidad de conseguir una “Mención Internacional” en mi título doctoral. Por ello, hice una lista de grupos pioneros en la investigación en autofagia. Y arriba del todo se encontraba el laboratorio de la Profesora Beth Levine, un referente en el campo. Contacté con ella y, tras intercambiar correos electrónicos y una llamada telefónica, acordamos que pasaría 3 meses en su laboratorio. Y la experiencia fue tan buena, para ambas partes, que tras terminar mi tesis doctoral (y aceptando que en España apenas tienes oportunidades si eres científico) acepté la oferta de volver como investigador post-doctoral.
4) Como científico estás en contacto diariamente con instrumentos en el laboratorio, y en los que la física y la ingeniería tienen mucho que ver en su construcción. Podrías describirnos un par de ellos y/o explicarnos tus sensaciones al usarlos? ¿Conoces algún concepto físico que utilices en tu día a día o por el que funcione alguno de los instrumentos del laboratorio?
Como bien dices, las distintas ramas de la ciencia están muy relacionadas entre sí, y no se puede entender del todo una sin las demás. Aunque sea Biólogo me es fundamental tener nociones básicas de ramas como la Física o la Química para comprender los fenómenos biológicos que estudio o para emplear con éxito distintas metodologías a la hora de hacer experimentos. Se me ocurren ahora mismo, por ejemplo, dos “campos” de la Física de gran importancia en la investigación en Biología.
Por un lado está la “óptica”. ¡Los microscopios son indispensables en cualquier laboratorio! Y los hay de distintos tipos, según el uso que se quiera dar. Los más básicos, por ejemplo, serían los microscopios ópticos de campo claro, que nos permiten ver con luz simple microorganismos o células de diferentes tejidos. Pero también hacemos mucho uso de microscopios de fluorescencia (que nos permiten visualizar componentes intracelulares que han sido marcados con moléculas fluorescentes que podemos detectar) o de microscopios electrónicos, que con una resolución aún mucho mayor nos permiten ver el interior de las células con un nivel de detalle casi de ciencia ficción.
Otro concepto, quizás en desuso por el riesgo que conlleva, es el de la radiactividad. Pero la verdad es que es y ha sido fundamental, ya que el uso de isótopos nos permite marcar moléculas de diverso tipo para poder detectarlas a posteriori. Éstos son casos en los que la física (¡y la ingeniería que conlleva diseñar y construir todos los aparatos necesarios!) nos permiten ver cosas que son invisibles al ojo humano, pero sin duda hay mucho más.
5) Como científico de éxito que eres, nos encantaría que nos dejaras algún consejo para estos tres futuros ingenieros.
Vaya, ¡gracias!
La verdad es que es difícil dar consejos, ya que cada persona y cada carrera laboral es diferente, y siempre hay riesgo de caer en los tópicos. Como por ejemplo que hay que esfozarse y aplicarse ya desde la carrera para poder alcanzar el objetivo que uno se proponga. Sí, es un tópico, pero muy real. Y recordar que hace más el que quiere que el que puede.
Pero, dejando los tópicos a un lado…
1) Ser pro-activos: Lo que se lleva ahora en la sociedad es dejarse llevar. Hacer lo mínimo. Estudio lo que tengo que estudiar, hago lo que me mandan en el trabajo y ya. Sin embargo, ser pro-activo acarrea muchas ventajas, ya desde la carrera. Como por ejemplo hacer actividades, cursos, lo que sea que mejore tus habilidades y expanda tus capacidades. Participar en reuniones, encuentros, congresos… Moverse. Y conocer gente en el entorno de la Universidad, tanto estudiantes como profesores. El famoso “networking”. Tener una buena red de contactos siempre es beneficioso.
2) No descuidar “la otra vida”. Y es que a veces nos centramos demasiado en nuestra carrera, y olvidamos que el trabajo no lo es todo. Es la nueva “esclavitud”. Pero es importante cuidar nuestro tiempo libre, para tener una vida “equilibrada” que se traducirá en una mayor eficiencia a la hora de estudiar y trabajar.
3) Disfrutar de los pequeños éxitos. Siempre tenemos en mente la meta final, el gran objetivo. Por ejemplo, en mi caso, publicar un artículo en una revista de prestigio. Sin embargo, es importante dar valor a las pequeñas cosas que hacemos bien. Un experimento que sale bien (por pequeño que sea), un seminario que clavas, un examen aprobado, un trabajo sobresaliente,… Son esas mini-victorias las que nos mantienen motivados y nos recuerdan por qué hacemos lo que estamos haciendo, y que valemos para ello.
Desde The Gauss Show, agradecemos enormemente a Álvaro que nos cediera parte de su tiempo para responder a nuestras preguntas. Ha sido un verdadero placer poder hablar con un científico de tanto calibre. Sin duda, que quede claro que en España hay investigadores magníficos y ojalá no tuvieran que irse tan lejos para poder brillar. Un enorme saludo a Álvaro y le deseamos lo mejor en el futuro.
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